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Testimonios de Contacto con Angeles

Demoras en el tráfico

Comenzaré relatando esta historia porque es la que me inspiró, de alguna manera, aunque tengo mis serias dudas de que haya sido pura "inspiración"... después de todo, todos escuchamos esa voz interior que nos sugiere tomar determinadas decisiones.

En definitiva, esta es la historia que me abrió los ojos.
Me hallaba en el vehículo utilitario en el que me transportan todos los días a la planta petroquímica donde trabajo y uno de mis compañeros comenzó a relatar una anécdota que le había ocurrido días atrás. Alejandro, de unos 40 años, es jefe de turno en la planta y un hombre serio y respetado por sus compañeros. Cuenta que salió de su casa en su automóvil nuevo con destino a la casa de un pariente. Llevaba mucha prisa; sin embargo, las cosas parecían no favorecerle aquel día. La camioneta que iba delante suyo parecía no importarle cuanta urgencia llevara Aejandro, a pesar de sus insistidores bocinazos. Simplemente no le daba el paso. "Era como que alguien me retuviera de los cabellos para que no avanzara" - comentó, turbado, mi compañero. ¡El conductor de la camioneta parecía no haberlo visto siquiera!
Finalmente, el vehículo que estorbaba desvió su rumbo. Decidió, pues, acelerar la marcha para recuperar el tiempo perdido. Pero, repentinamente, un camión salido de la nada, se interpuso como un bólido delante suyo. Apenas le dió tiempo para frenar. Alejandro sacó la cabeza para cantarle las cuarenta al imprudente conductor... fue en ese instante cuando comprendió que el inmenso carromato carecía de este importante "componente". Unos sorprendidos hombres salieron tras el desbocado vehículo, que se estrelló estrepitosamente del otro lado de la calle.
¿Qué habría sucedido si me hubiese adelantado algunos segundos en mi viaje? - se preguntaba Alejandro - Probablemente, ahora mi familia y yo estaríamos muertos... -fue su lacónica y, estoy seguro, acertada respuesta.
Y yo me pregunto, ¿Quién lo retuvo para que no fuera embestido por aquel camión? Creo que acertaron



El extraño niño con "peliposas" en la espalda

Decidí incluir esta pequeña anécdota a última hora, pues formaba parte de otro libro que estoy por publicar. Pero, como tiene estrecha relación con lo que nos hemos propuesto contar, aquí la tienen.
Hace algunos años, cuando mi hijita mayor sólo contaba con dos años y algunos meses de vida, un tierno suceso nos conmovió.
Mi esposa quitó las prendas del lavarropas y, lentamente, cargando un vientre de siete meses de embarazo y el fuentón repleto, se encaminó hacia el jardín del fondo, seguida de cerca por nuestra hijita. Pacientemente se puso a tender en la soga. La niña, que estaba en el otro extremo del patio, vino hacia su madre para contarle, con toda la naturalidad del mundo:
- "Mami ¿Sabés? Allá - señalando una esquina del patio - en la pared hay un señor con un nene que tiene una "peliposa" en la espalda que dice que me va a cuidar..."
(Traducción: "Peliposa", en el idioma de mi hijita es "mariposa", por ende, lo que vio es un niño con alitas en la espalda)
Deseo aclarar que en casa no tenemos imágenes de ángeles ni nada por el estilo y que nuestra hija no conocía hasta ese momento lo que era un "ángel". Mi esposa y yo quisimos sacarle más información del incidente. Pudimos averiguar que el "ángel" tenía un vestidito blanco largo y por comparaciones con las edades de conocidos, tenía el aspecto de un chico de 12 a 14 años, un adolescente. En cuanto al señor que lo acompañaba, también lo cubría una especie de túnica, era alto y barbado. Este último fue el único que habló con mi hija, el chico simplemente se limitó a sonreír, mostrando una hermosa dentadura... Al parecer estaba allí para presentar formalmente a su protector.
Si conversó con ellos o si sucedió algo más, lo ignoro. En vano es querer sacarle más de lo que te cuenta un niño... y tal vez sea mejor así, sabemos que ellos conservan la inocencia y por ello están más cerca de su Creador que nosotros, sus mayores. Ahora, mis dos hijas saben de sus ángeles de la guarda, de hecho hablan con ellos todas las noches, antes de ir a dormir. Mi mujer contribuyó con la oración que ella misma recitaba cuando niña, quizá Uds. la conozcan, dice así, con las modificaciones finales del caso.



El perfume de mi ángel

Claudia perdió a su madre hace unos años, víctima de cáncer. Al margen de creer que ella la protege y aconseja permanentemente, debido a ciertas experiencias que quizá luego incluya aquí, también está convencida de la existencia de su ángel guardián.

Cierta ocasión, estaba reunida con un grupo de gente que practicaba meditación. El coordinador de este sugirió a sus alumnos se concentrasen en su guía espiritual y le preguntaran su nombre "porque todos los ángeles tienen un nombre", me dijo. Claudia no pudo, sin embargo, hallar la respuesta a este interrogante durante la clase. Terminó la sesión un tanto frustrada. Pero, un intenso y exquisito perfume la embargó.

- ¡Qué rico perfume! - exclamó en voz alta, dirigiéndose a sus compañeros - ¿Pueden sentirlo?

El coordinador y el resto de sus discípulos no percibieron ningún aroma. Ella pensó:

-¡Qué extraño, yo lo huelo en todo el recinto!

Concluída la clase, salió a la calle. ¡Cual sería su sorpresa al seguir percibiendo aquella delicada fragancia! Abordó el autobús que la llevaría a su casa y... ¡el perfume la seguía adonde quiera que iba! Allí fue cuando se percató de la importancia de aquella experiencia. Una voz dentro suyo le dijo: "Así es, este es el perfume de tu ángel... es mi perfume".

Este especial ser quería demostrarle a su protegida que nunca se hallaría sola, que Dios, a través de sus "soldados", estaría a su lado, en las buenas y en las malas

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Un ángel con visión de futuro

"Tendría 4 ó 5 años y estaba frente a mi casa apoyado en la cerca viendo pasar un cortejo fúnebre, cuando de pronto noto que desde dentro del ataúd emanaba la figura de una persona que yo asociaba que sería la del muerto; se quedó un instante mirándome, me saludó y luego desapareció (no recuerdo si vi alas o no). Le mencioné este hecho a mis padres y hermanos y no le dieron importancia, suponiendo que todo era producto de mi fantasía infantil. Desde entonces tuve conciencia de que cerca mío había algo o alguien; yo aprovechaba esta sensación para hablarle y consultar cosas que siempre eran respondidas de una u otra forma y así, entre todos los hechos diferentes que me sucedían, hubo uno puntual y concreto que me ayudó a entender de qué se trataba todo."
"Cierta vez que me encontraba jugando con una pelota de plástico con mi hermana mayor, una fuerza extraña e invisible se deslizó desde atrás por sobre mi hombro (como un golpe de puño) e hizo volar la pelota que se encontraba en el aire a punto de que mis manos pudieran agarrarla. Nos quedos inmóviles, entre sorprendidos y confundidos, por lo que acabábamos de presenciar. Luego, al no encontrar explicación alguna, nos ganó el miedo y corrimos a contarle a mi madre, quien nos mandó a rezar y todo quedó allí, hasta la noche, cuando de impriviso , no sé por qué, abrí los ojos y entre dormido y despiero vi parado a mis pies la misma persona que cuando niño, con un par de alas resplandecientes que me observaba, y, sin hablar me contó que tuvo que desviar la pelota porque, de haberla agarrado, me hubiera caído y lastimado un ojo con el pedazo de vidrio que se encontraba en el pasto. Al levantarme, lo primero que hice fue corroborar si realmente estaba el
pedazo de vidrio y, efectivamente, descubrí que de la tierra sobresalía una punta filosa producto de un pico de botella rota enterrada en el lugar."
"No se trataba de un simple sueño. Hasta pronto. JUAN B. "


Como podemos apreciar, con un relato simple y agradable, Juan nos recuerda que no estamos solos en este mundo y que obviamente existen "seres invisibles" que nos protejen de eventuales peligros.


Ya que estamos en el tema, les relataré brevemente un hecho ocurrido hace muchos años y que en su momento no entendí. Juan vino a refrescarme la memoria.

Cursaba la secundaria y, por aquellos años tenía un íntimo amigo llamado Jorge. Él poseía ciertas "dotes" que muchos no comprendían y que yo aceptaba "casi" naturalmente. Creo que muy poca gente sabía que él veía a seres que los demás mortales no percibíamos.

A veces lo acompañaba a casa de su novia, porque creo que en el fondo, quería que enamorase a la hermana de su amor, de unos 16 o 17 años, misma edad que yo tenía entonces. Una noche muy oscura, llegábamos caminando hasta la puerta de su casa y, mientras aguardábamos a que nos abrieran, volvimos la vista hacia la calle, de lodo y piedras, bastante tétrica, por cierto. En ese instante, una destartalada camioneta con pocas luces acertaba pasar por allí.

Jorge apagó un desgarrador grito, tapándose la boca y sus ojos saltones se clavaron en la caja de carga del vehículo, mientras se alejaba tosiendo como auto antiguo.

- ¿Qué sucede? - le pregunté alarmado.

- ¡Acaso no lo viste! ¡ No... no viste eso...! - tartamudeó, mientras señalaba con sus manos.

- ¿Qué se supone que debiera haber visto...?

- ¡Es horrible...! - dijo, restregándose los ojos - Un niño colgaba detrás de la camioneta... y lo arrastraba, desgarrándolo... Pero el conductor no escuchaba sus gritos de dolor... ¿los oíste...?

Me quedé mudo, tratando de explicarle a mi amigo que en realidad no había nadie colgando del carromato... que todo había sido una "visión".

¡Qué ciego fui! ¡Jorge había presenciado un hecho "paranormal", un solapamiento dimensional! Quizá el alma del pequeño había querido mostrarle sus últimos espeluznantes minutos de vida... Lo que sí les aseguro es que este hecho permaneció dando vueltas en mi mente por mucho tiempo, para tratar de darle una explicación "racional"... pero, ¡de nada sirve penetrar en los insondables territorios del Creador...!

Nancy levita

Nancy es una esbelta y dinámica mujer de 55 años (edad que no representa), profesora de danzas clásicas y que ejerce en la Escuela de Danzas de Buenos Aires. Reside en el conocido barrio de Almagro, es viuda, con un hijo de 28 años, y ahora se dedica a bailar tango, ya que además es instructora de este particular baile, típicamente rioplatense. Lamentablemente, ahora no puede practicar ballet ni danza moderna contemporánea como ella desearía, por un problema en sus meniscos y una rótula.
Los dejo con su relato:

"Un día tormentoso de lluvia y viento de un crudo invierno, muy frío y oscuro, caminaba rumbo a mi trabajo. Siendo las 06:30 de la mañana, cuando llego a la boca del subterráneo, línea "A", observo que éste no funcionaba porque estaba inundado. Decepcionada, fui a tomar un colectivo. Tuve que caminar por algunas calles muy rotas y oscuras, el paraguas daba vueltas por el gran viento que se embolsaba. No poseo buena vista sin mis anteojos, además, por los problemas que tengo en una pierna, me sentía angustiada y muy nerviosa. Entonces, invoqué a mi madre, que no hacía mucho que había fallecido, y sollozando, le rogué me ayudara para seguir mi camino sin tropiezos y, en ese instante sentí que me levantaban por detrás y, casi sin sentir mi peso, me desplacé hasta la parada del colectivo. Este suceso me impactó mucho y nunca lo olvidaré, pero ahora pienso que me ayudó mi ángel de la guarda."

¿Y…? ¿Qué me dicen…? ¡Después de todo, no soy el único que sentí aquella dulce presencia!
¡Gracias, queridos lectores!
Por Anonimo