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Dos historias verdaderas

Las historias que le voy a contar no me sucedieron a mí, sino a dos amigas mías.

Lo primero fue un día una de mis amigas venía caminando desde la universidad hasta mi apartamento que es un poco distante, y comenzó a llover fuertemente y un anciano que estaba sentado frente a una casa, la llamó y le dio una sombrilla. Al otro día cuando ella fue a devolvérsela le dijeron que allí no vivía ningún anciano.

Después de esto todos los días ella pasa por esa casa y nunca más vio al anciano.

La segunda historia le sucedió a mi mejor amiga, ella es una muchacha que toda la vida ha tenido muchos problemas. Ella fue a pedirle un dinero para comer al papá de su bebé, pero él no se lo quiso dar, entonces ella se fue, y a mitad del camino su auto se apagó y ella del coraje se fue caminado por la carretera, y todos los autos que pasaban le gritaban cosas muy feas.

Un auto por fin se detuvo y la llamó por su nombre, era un muchacho que ella no conocía y que tenía una enorme cicatriz en la cara, ella dudo en subirse, pero de pronto sintió una paz y se subió al auto.

Ella no pronunciaba palabra alguna, y de pronto el muchacho le dice “no llores por ese hombre porque él no te quiere, tu mereces algo mucho mejor y lamentablemente tu hijo no merece esto”. Luego se detuvo frente a un restaurante de comida oriental, y le trajo comida. Ella le dice “no tenias porque hacer esto”, y él le contestó

“Dios me envió para ayudarte”.

Él se detuvo en una gasolinera y en un recipiente echo la gasolina, siguió hasta donde estaba el auto de ella, sin ella haberle dicho donde estaba, le echó la gasolina, la miro fijamente y le dijo Dios tiene grandes cosas para tí, no desistas”. Y cuando ella le fue a dar las gracias el muchacho ya no estaba.

Ella sintió una gran tranquilidad y se marcho. Estas han sido experiencias donde personalmente estoy segura de que Dios ha puesto sus Ángeles a ayudar a mis amigas.
Por Vanessa Vazquez