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Los Angeles nos visitan

El año es 1982, en Beirut, la ciudad joya del Líbano que los occidentales suelen describir como "la Suiza del Medio Oriente." Es el centro de la crisis libanesa. Los tiranos locales están luchando entre ellos, bombardeando la ciudad con más de trescientas bombas por minuto que llueven sobre ambos lados, indiferentes hacia las víctimas. En un día muy oscuro de fuertes bombardeos, todos en nuestro edificio de diez pisos están agrupados en sus departamentos rezando. Cada persona desea escapar con vida. No hay electricidad para usar el ascensor, ni para mirar televisión, ni siquiera para usar el teléfono o para calentar el agua. La
gente está viviendo minuto a minuto, corriendo escaleras abajo hacia el sótano para protegerse, y se sienten afortunados si guardaron algo de pan comprado durante un receso en los bombardeos.
En el medio de esta confusión, una mujer está gritando en el sótano: "¡Me olvidé, me olvidé!"
"¿Qué se olvidó?"- la gente a su alrededor le pregunta.
Pero ella continua gritando: "¡Me olvidé, me olvidé!" mientras se arranca el pelo y se pega en las mejillas. Mientras tanto, el edificio parece inclinarse hacia la derecha y hacia la izquierda por las vibraciones de las bombas que explotan alrededor de nuestro vecindario. Todos están sintiendo que su corazón se rompe en pedazos y sus propias venas zumban intolerablemente, porque las bombas que están lloviendo provienen de una serie se explosiones en cadena.
El sentimiento de todos es que el momento de la muerte ha venido. Todos toman a sus hijos y los cubren con sus brazos, para que sean llevados con ellos y que no queden solos en la muerte. En ese momento, el amor de las madres por sus hijos brilla como el amor de los padres, esposos y esposas y todos los miembros de la familia quienes cuentan juntos los momentos que restan antes de que dejen esta vida. Todos recitan las oraciones que conocen, ocupados con su propia persona, en súplica privada hacia Dios para su salvación. El susurro y el canto de las oraciones es el único sonido además del sonido de las bombas explotando sobre nosotros. Nada rompe la oscuridad de este pequeño sótano excepto la luz de algunas velas aquí y allá, dándonos esperanza como islas de luz en un mar de oscuridad.

La intensidad del bombardeo alcanza su pico. Las bombas nos han alcanzado y nosotros imaginamos que nos romperemos en pedazos. El edificio se está desmoronando como si fuera de cartón. Se puede escuchar la caída de piedras y de ladrillos alrededor de las calles del vecindario como granizo en las cabezas de la gente en un día de invierno. En el medio de esta lluvia de piedras sobre cabezas humanas, la voz de la señora también alcanza su pico. Ahora se la escucha gritando: "¡Por favor! ¡Permitan que alguien ayude a mi hija! ¡Ella se está muriendo! ¡La mataron!". Pero nadie ve a quién se está refiriendo. Nadie es capaz de ayudarla.
Mi hermana toma un poco de agua fresca y trata de hacer volver a la señora a sus sentidos, arrojándole agua en su cara, al mismo tiempo que continúa preguntándole donde está su hija para que pueda ser rescatada.
Mi hermana me llama: "Ven y ayúdame con ella."
Yo voy y la ayudo y ella dice: "¡Por favor! Me olvidé a mi hija."
- "¿Dónde?"
"En el décimo piso, en nuestro apartamento."
Mi rostro se pone pálido. Yo miro a los ojos de mi hermana, interrogándola sin hablar, pero ella entiende que yo le estoy diciendo: "¡Ya no debe existir ni un décimo piso, ni un quinto piso, ni siquiera la planta baja sobre nosotros! ¡Es probable que incluso no podamos salir de este sótano con vida!"
La gente se amontona alrededor nuestro cuando empezamos a escuchar golpes
en la puerta de metal en el sótano. La puerta se abre desde afuera. Tres hombres y dos mujeres se lanzan hacia adentro, gritándonos: "Cierren la puerta detrás nuestro. ¡Ciérrenla rápido!"
Ellos venían a toda velocidad con su auto, sin saber adonde ir, hasta que vieron la entrada del sótano que nos protegía. Saltaron fuera del auto y entraron para protegerse. Nosotros les damos agua y tratamos de calmarlos del shock por lo que habían visto afuera. Sus rostros y ropas están cubiertas de sangre porque habían estado ayudando a transportar a los heridos y a los muertos en su auto.
Uno de los recién llegados dice: "Las calles están llenas de muertos. Ya no sabemos cómo continuar levantándolos. Edificios completos han sido arrasados. ¡Es un horror, un desastre!"
Alternadamente miro a la primera señora que gritaba y luego a la señora que está hablando y pregunto: "¿Que pasó con nuestro edificio?"
"¿A qué edificio se refiere?"
"¡A éste edificio, nuestro edificio!"

Los cinco recién llegados exclaman en un grito confuso: "Afuera no ha quedado nada. ¡No hay más edificio! ¡Todo lo que ha quedado es una ruina de cuatro o cinco pisos!"
Pensamos que cuando la primer mujer escuchara esto se iba a volver loca o iba a caer muerta. Todos se vuelven a ella con la boca abierta, listos para agarrarla por si se cae. Pero ocurre lo contrario. Ella de pronto parece calmarse, conteniendo su respiración y poniéndose firme, clavando la mirada en un rincón del sótano. Su cara cambia de color, de pálido a rosa. Sus ojos se llenan de luz, está incluso sonriendo y su boca se abre cuando en un susurro dice: "¡Oh mi Dios - Oh mi Dios - Oh mi Dios!"
Todos se olvidan del bombardeo. Nos encontramos abstraídos del apocalíptico estruendo afuera. En cambio, hay silencio a nuestro alrededor. Repentinamente, cada corazón siente esta gran paz cubriéndonos por todos lados, como un gran manto de quietud y descanso, transportándonos a un lugar diferente por un breve instante. Todos fijan la mirada en la dirección a la que mira la señora, pero nadie puede ver lo que ella está viendo.

Ella dice tartamudeando: "¡Oh mi Dios! ¡Puedo ver a tus ángeles! Puedo ver a mi hija con tus ayudantes con alas. ¡Ellos han venido para socorrernos!"
En cuanto pronuncia la palabra "ángel", todos sentimos una brisa fresca,
fragante con un perfume de flores inexpresable y esencias frescas, tapando
el olor de humo sulfúrico que nos llegaba desde afuera.
Las velas se apagan. Una inmensa luz aparece, llenando todo el sótano y
pareciendo expanderse hacia el infinito. Todos nos quedamos helados en nuestros lugares, incapaces de despegar nuestra mirada de esta gran nube de luz, fijando la visión sin el menor esfuerzo, aunque muchas veces parece tan intensa como el mismo sol. Las lenguas están mudas. Nadie respira. Una inmensa paz desciende y nos olvidamos de todos los bombardeos y sufrimientos de las últimas horas.
Ahora la mujer está en un estado de felicidad. Toda su ansiedad ha desaparecido. -"Los ángeles están salvando a mi hija" - continúa repitiendo, a pesar de la aparente incongruencia de su frase, ya que todos pensamos que el edificio sobre nosotros había sido reducido a escombros y por lo tanto, que se habrían perdido todas las vidas que estaban en él.
Sin embargo, ahora todos creen firmemente que puede ocurrir cualquier cosa, a causa del estado en que entramos, aunque cualquiera que escuchase desde afuera consideraría absurdo que la hija de la señora pudiera estar aún con vida.

Mi hermana me mira silenciosamente suplicando algún tipo de respuesta.
Miro hacia atrás, con los ojos bien abiertos, como diciéndole: "Dios es el más grande. Él puede hacer cualquier cosa, incluso enviar a Sus ángeles guardianes para curar las heridas de la gente desvalida que le suplica a Él."
Ella entiende. El reflejo de este mensaje parece entrar en su corazón por ondas de energía espiritual, desbordando su corazón y llegando a los corazones de los otros alrededor nuestro. Todos parecen conscientes de que están pasando por un evento especial, una experiencia que ellos nunca antes habían experimentado.
Mi hermana ha estado sufriendo de cáncer por muchos años. Ginecóloga de
profesión, ella entiende más que nadie la realidad sobre el cáncer y la gravedad de su situación. Se había sometido a cirugía y a muchos tratamientos de quimioterapia. Finalmente los doctores le dijeron que sólo tenía unos pocos meses de vida. Ahora está sufriendo ante el pensamiento de la muerte golpeando a su puerta y a punto de entrar, sumándose a los dolores de la propia enfermedad y sus tormentosos tratamientos. Me mira como tratando de preguntar: "Si esta visita es real - y si está ocurriendo que la hija de esta señora está siendo ayudada por un ángel y estamos siendo testigos, ¿por qué el mismo ángel no me toca con sus milagrosas curaciones y me salva como a otra gente que está siendo salvada?" Yo entiendo todo esto en un momento aunque no hemos intercambiado ni una sílaba. Entonces siento que mi hermana está pidiendo ayuda
desesperadamente, con todo su corazón. Ella intenta alcanzar el manto de un ángel agarrándolo en el último minuto pretendiendo ser salvada, sintiendo que este precioso momento podría no repetirse nuevamente en el resto de su vida.
Algo asombroso e inesperado inmediatamente le sigue a este diálogo
silencioso. Mi hermana ahora está mirando fijamente hacia un rincón del sótano con la misma mirada que vimos en el rostro de la mujer que había perdido a su hija. La lengua de mi hermana comienza a moverse y a balbucear involuntariamente: "¡Hermano mío, hermano mío! ¡Un ángel esta viniendo hacia mí! ¡Oh mi Dios, oh mi Dios!" Todos fijan la mirada pero nadie lo puede ver. El ángel es visible sólo para ella como previamente fue visible sólo para la mujer. La luz en la habitación parece multiplicarse más y más aún.
Mi hermana grita: "¡Me está curando! ¡El ángel me está curando!" Después
se desmaya.

Todos estamos en un dilema, preguntándonos a quien ayudar, ¿a la primera mujer ó a mi hermana? Pero nadie se mueve, ya que estamos todos congelados en nuestros respectivos lugares incapaces de hacer nada salvo decir: "Dios es el más grande."
En medio de este estado de confusión y de maravilla espiritual todos escuchamos un golpe claro en la pequeña puerta de metal del sótano. Nadie se puede mover de su lugar, temerosos de perder este estado de éxtasis y retornar al mundo de las bombas, al sonido de la guerra, al olor del fuego y de la pólvora, y a la visión de los muertos y heridos.
Todos nosotros nos sentimos responsables de abrir la puerta y sin embargo las piernas parecen clavadas en sus lugares. Nadie se mueve. Entre toda esta gente, dos niños se sueltan de los brazos de sus padres, un niño y una niña, y corren hacia la puerta del sótano.
Los padres gritan: "¡vuelvan, vuelvan!" pero los niños contestan:
"¡ángeles, ángeles!" Todas las miradas están sobre los niños mientras los
padres son incapaces de moverse ni siquiera una pulgada de sus lugares para tomar a sus hijos.

El corazón de todos se paraliza ante el pensamiento de que los niños pudieran salir y ser lastimados por el bombardeo. El asombro crece diez
veces más ante la nueva visión: los niños ya no están caminando sobre el piso. Sus pies ahora están elevados una pulgada sobre el suelo. Ellos están caminando sobre el aire! Sus padres pierden el habla y ahora se cuestionan sus sentidos. Los niños toman el control, apiadándose de la pérdida de palabra de sus padres, y dicen: "Mami, papi, los ángeles están viniendo para ayudarnos. No tengan miedo. Ellos nos liberarán."
A los niños les toma sólo un momento llegar a la puerta. Para cualquier otro, sin embargo, parece como un año. ¿Qué esta ocurriendo con los niños? ¿Siguen siendo los mismos niños ó son ángeles encubiertos en niños? ¿Quién está golpeando a la puerta? Mientras los niños se aproximan a la puerta, no nos parece estar escuchando golpes sino sonidos musicales cautivando nuestros oídos y fluyendo en el aire. Maravilla, confusión, expectativa, suspenso - la primer mujer y su hija, la visión de mi hermana y su pérdida de conciencia, el silencio, la luz, la fragancia alrededor nuestro, el golpeteo en la puerta, los niños flotando en el aire y tranquilamente anunciando la presencia de ángeles - todo esto parece demasiado para nuestro entendimiento.

Toda esta maravilla, todo lo que hemos visto hasta aquí, pertenece a las tres dimensiones. Lo comprendemos con los sentidos de nuestros cuerpos físicos o por lo menos lo intentamos. Todos sentimos que lo que yace detrás de la puerta, va a ser completamente diferente, sin precedentes e inimaginable. Seguramente será de la cuarta dimensión, una puerta al paraíso, una interacción con el mundo celestial, no sólo con uno o dos de sus habitantes o con los elementos de la fragancia y el sonido.
En menos de un segundo los niños llegan a la puerta. Sin que ellos la toquen, la puerta se abre sola ante ellos. Nosotros no podemos ver nada a través de la puerta - no hay escalones que lleven a la calle, no hay estructura de piedra, ni siquiera ruinas, nada salvo una inmensa luz. Esa luz se vierte en el sótano, enviando ondas y ondas de una energía visible que lleva con ella efectos que llegan al corazón, ya que todos sentimos un gran resplandor de amor y una total felicidad en nuestros corazones, un amor que nunca antes habíamos sentido en nuestras vidas. Ni siquiera se puede igualar al más intenso delirio en nuestra adolescencia.
Estamos en un estado de trance. Los dos niños se extinguen en la luz, ya no se ven. Todos los ojos están transfigurados, lanzando miradas imposibles ante la desaparición de los niños, pero incapaces de seguirlos dentro de la luz. La unión de los niños con la luz provoca que esta cambie de colores, como un arco iris radiante, y afecta también nuestros estados, como si ahora estuviéramos viendo a los niños moverse dentro del paraíso con los ojos de nuestro corazón, más que con los de nuestras cabezas.
Pasa un pequeño momento. La luz todavía esta allí. Dos niños han entrado en ella, ahora tres están retornando. Están tomados de las manos y parecen
corretear fuera de la cuarta dimensión del paraíso volviendo a nuestra tercera dimensión.
Los niños se ven etéreos y sutiles, aparentemente translúcidos, como si ahora fueran seres angélicos. Sus propias luces continúan cambiando, como la luz que viene a través de la puerta. Un gesto inocente, típico de los niños, nos asegura que son ellos. Están tomados de las manos y moviéndose en un circulo, cantando una rima:

Somos los ángeles, somos los guardianes,
Somos aquellos que los aman y cuidan de ustedes.

Todos lanzan un suspiro de alivio y alegría. Nos dirigimos unos a otros alegremente, saboreando tanto el sonido como el significado de esa música
impulsada por las voces de los niños. Es como si una nueva vida hubiese sido abierta para nosotros en ese sótano, especialmente para los padres de los niños, quienes han estado tratando de moverse de sus lugares y correr y abrazar a su hijos, pero sus esfuerzos han sido en vano. No se pueden mover. Están fijos en sus lugares como estatuas de piedra.
A medida que la luz comienza a disminuir poco a poco, la gente comienza a
sentir que sus poderes de movimiento están volviendo a ellos. El estado de
éxtasis está aminorándose y reduciéndose en nuestros cuerpos y en nuestros
corazones. Los niños están cantando con más lentitud. Se vuelven a sus
padres y comienzan a regresar con ellos. Todos estamos mirando a la
pequeña niña que salta al sótano y corre hacia la señora que había estado
llorando antes. Comprendemos que ella es la hija a quién había dejado en el décimo piso del edificio y por quién había estado tan preocupada.
Todos han olvidado a mi hermana aún inconsciente, incluyéndome, por estar
mirando a los niños y esperando escuchar de ellos alguna descripción de lo que habían visto. La alegría de los padres no puede ser descripta. La mujer del décimo piso, que pensó que había perdido a su hija con el resto del edificio, ahora la ve corriendo hacia ella y la toma en sus brazos. Ni siquiera se ha olvidado de traer a su muñeca Barbie! La madre abraza a su hija, la besa, y murmura palabras ininteligibles de agradecimiento y rezos, incapaz de hablar coherentemente a causa de la emoción.
Durante ese evento de júbilo, otras personas y yo intentamos reanimar a mi
hermana, luego de recuperar nuestro estado normal de conciencia. Otros, sin embargo, le están pidiendo a la pequeña niña que les cuente cómo ha hecho para llegar sin daño alguno desde los escombros y la destrucción externa. Yo no me pierdo ninguna de las muchas preguntas que comienzan a brotar de cada boca, y estoy alerta, tratando de escuchar todas las respuestas. Al mismo tiempo estoy arrojando un poco de agua de colonia en el rostro de mi hermana, golpeándola suavemente y reanimándola para que recupere el conocimiento.
La niña habla con una mezcla de felicidad y temor: está feliz por lo que ha visto en el mundo de los ángeles; tiene temor de la vehemencia y emoción de las preguntas de la gente que repentinamente se ha precipitado a su alrededor. Está sorprendida ante la agitación y ante la reacción de su madre, sin darse cuenta de qué se trata todo este alboroto. Ella acaba de ser visitada por sus amigos, los ángeles y ahora esta aquí.
"¿Qué paso con el décimo piso? ¿Qué paso con tu dormitorio?" Pero la
pequeña niña sólo dice: "Mami, ¿por qué estas llorando? ¿Por qué me estas
besando como si no me hubieras visto por una semana?" La madre sigue
abrazando a su amada hija, continuando con sus silenciosas y agradecidas
plegarias.

La pequeña comienza a acariciar a su muñeca Barbie, exactamente como su
madre la estaba acariciando a ella. Cada una teme la pérdida del pequeño bebé que sostienen: la madre teme por su pequeña hija, la hija teme por su
pequeña muñeca Barbie.

La pequeña dice: "Estaba en mi cama cuando sentí que alguien me tocaba y me llamaba. Pensé que era mami, ¡pero nunca antes me había sentido levantada y sostenida de esa forma! Abrí mis ojos y percibí una deliciosa brisa llenando mi dormitorio. Vi a una mujer caminando hacia mí, acompañada por un ángel. Donde había estado mi cuarto ahora había un gran espacio sin principio ni fin. La señora me tomó de la mano, y el ángel nos llevó a las dos. Yo estaba a punto de llorar, y la señora me dijo: ‘¿Por qué estas llorando querida? ‘Yo dije: ‘me olvidé la Barbie.’"
"La señora dijo: ‘no, ella esta aquí contigo. Mira bajo tu brazo.’ Yo miré y descubrí que mi Barbie estaba conmigo. Luego miré a mi alrededor y comencé a gritar: ‘¿dónde esta mi madre? ¿Qué está ocurriendo? ¿Adónde me están llevando?
"Ellos dijeron: ‘Te estamos llevando con tu madre. Somos tus ángeles guardianes.’
"Luego me encontré con los dos niños que me estaban esperando camino a la
puerta, donde todo era luz. Los ángeles nos enseñaron una canción y todos
comenzamos a cantarla girando alrededor de ellos. ¡Fue tan hermoso! Luego
nos dijeron que debíamos volver con nuestros padres y vinimos aquí.
Los niños no parecían comprender la extraordinaria naturaleza del relato
de la niña y su experiencia de la última hora. Los miramos con asombro e
incredulidad. Seguramente a otra gente se le contará todo esto. ¿Nos
creerán? No deseamos que este momento termine, queremos escuchar más.
Todos estos pensamientos nos vienen al mismo tiempo. Por encima del
estrépito de estas reflexiones, un pensamiento claro emerge y se impone a si mismo: los ángeles han venido a nuestro rescate y nos han traído este precioso momento de alivio y misericordia.
No nos hemos olvidado de aquella entre nosotros que yace en el piso: mi
hermana. Lentamente está volviendo en si y mira a su alrededor para ver si la visión todavía está presente. Alguien me da un vaso de agua con algunas gotas de agua de rosas. Le doy el vaso a mi hermana para humedecer su lengua y aquietar sus nervios. Al principio ella es incapaz de relatar nada de lo que le ha ocurrido. Bebe un poco más de agua y lentamente comprende lo que está ocurriendo, sintiéndose más segura y feliz cuando entiende la escena de lo que esta ocurriendo ante sus ojos.
Luego me mira y yo entiendo por sus ojos que está lista para contarme lo que le pasó y lo que vio cuando estuvo en contacto con la visión angélica que experimentó. Todos hacen silencio nuevamente, queriendo escuchar su historia. Parecía como el descanso del soldado después de la excitación de la batalla. Si alguien hubiera arrojado un alfiler al piso podríamos haberlo escuchado, aunque la batalla todavía seguía ardiendo afuera. Dentro, la atmósfera de paz y felicidad nos ha desconectado completamente del bullicio de la guerra.
Mientras ella se prepara para hablar, todos comienzan a anticipar buenas noticias de júbilo y salvación provenientes de ella aunque todavía no han escuchado nada. Ella dice: "¡Alabado sea Dios! Él cura y Él perdona. En cuanto ustedes me vieron desmayarme, yo me desperté en algún lugar y miraba a todos. Me sentía como un paciente bajo anestesia, pero la experiencia era espiritual. Los ángeles me estaban operando. Vi a tres de ellos: uno a mi derecha, uno a mi izquierda y uno sobre mi. El Último me dijo: ‘Somos los ángeles curadores, y vinimos a ayudarte con permiso de Dios. Nada puede impedir que curemos a alguien que busca nuestra ayuda, y aquí estamos! ‘
"Ellos estaban tomando mis manos de ambos lados y yo sentía un estado de paz en todo mi cuerpo. Me hacia sentir ligera y relajada. El dolor tan familiar de tantos años de cáncer se había ido. Luego el ángel sobre mi me enseño un báculo de luz que sostenía en su mano y me dijo: ‘Hay puntos en el cuerpo humano que si alguien los toca provocan la curación de todo el cuerpo. Yo los voy a tocar con esta aguja de luz.’ Él procedió a dirigir su báculo en varios puntos sobre mi cuerpo, tocando un punto celular por vez y curando las células que corresponden a él.’ A estas células muertas se les vuelve a dar vida otra vez a través de este toque, ‘ el dijo.
"La operación se extendió sobre todo mi cuerpo. Fui capaz de contar 365 puntos diferentes sobre los que el ángel dirigió su báculo. El ángel me dijo: ‘Cada punto representa un día del año. Si mantienes tu cuerpo balanceado a lo largo de este año, todos tus años serán balanceados, y tus años de vida también serán balanceados.’"
Estamos todos abrumados por los eventos que han ocurrido, y ahora al
conocimiento secreto que nos fue revelado se añade a nuestro asombro. Mi
hermana continúa: "El ángel me aconsejó que siga una dieta determinada que
no deberé dejar de lado por el resto de mi vida. Para poder balancear estos puntos vitales en el cuerpo, todos los días temprano en la mañana, antes de comer o beber nada, tengo que beber una pequeña taza de jugo de cebolla que revivirá las células muertas que el cáncer hace prosperar para extenderse por todo el cuerpo. El ángel dijo que esta dieta debería ser seguida por todo el que sufriera de cáncer."
Continuamos escuchando el relato de mi hermana sobre su encuentro angélico, absorbiendo todos los detalles que confirman y refuerzan la veracidad de su experiencia a la luz del viaje paralelo de la niña. Cada persona en el sótano ha sido transformada hoy. ¡Que ironía, que el día que ha comenzado como uno de los mas oscuros de nuestras vidas, ahora parece destinado a ser recordado como un día de especial felicidad y bendiciones, para ser relatado por un largo tiempo como uno de los mejores en nuestras vidas! La gente continua relatando sus sentimientos y escuchando las impresiones de los demás, al parecer durante horas. Cuando la excitación se calmó, habían pasado tres horas, y un momento de calma reemplazó el caos del bombardeo indiscriminado en el exterior. Todos nos preparamos para abandonar el refugio y volver, tanto como sea posible, a la
normalidad de la vida diaria.

Cuando salimos vimos la extensión del daño. Comprendimos que también somos
parte de la acción milagrosa del ángel, ya que hemos sido eximidos y nuestro sótano ha sido protegido del bombardeo que había alcanzado a todos los lugares de alrededor. Dejamos la ciudad y comenzamos el camino a la casa de mi hermano al norte del país. Allí curamos nuestras heridas y descansamos por un rato. Mi hermana firmemente siguió la receta del ángel.
Después de tres meses volvió a sus doctores a la Universidad Americana de
Beirut. Ante la sorpresa de todos, no había quedado rastro de cáncer en todo su cuerpo. Nadie puede explicar lo que ocurrió y los doctores quedaron con su mente titubeando. Ni siquiera saben como rastrear el proceso de curación y se sienten incapaces de describirlo o de repetirlo.
Por supuesto, ellos tomaron las causas de la curación transmitidas por mi
hermana, la operación del ángel y la receta, con pinzas, aunque ella, al igual que ellos, es una doctora en medicina. " Nuestra colega ha tenido mucha suerte," ellos dicen," y está bajo un estrés emocional por una recuperación inesperada y milagrosa." Milagrosa es, pero más literalmente de lo que ellos pudieran posiblemente imaginar.

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